El momento que ha de llegar, y para el que nunca estamos preparados.
La cabeza que duele, está embotada, y los ojos hinchados de tanto llorar.
Una desazón del alma, que grita por dentro y apenas si se le oye por fuera.
Y no entiendes, bueno, sí entiendes, pero no quieres entender.
Tu compañero, tu verdadero compañero, tu auténtico compañero.
Seremos egoistas, pero ese vacío en el pecho no se quita con nada.
Te quiero mucho, pequeña. Lo sabes verdad?
Me duele no poder ayudarte a quitar el dolor. Otros saben mejor.
Tiempo al tiempo.
Un beso.
viernes, octubre 27, 2006
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